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"Buscamos para la región Amazonas, el lugar que le corresponde en la historia del Perú".

- Luis Collantes Pizarro -

Parte

PARTE OFICIAL DE LA BATALLA DE HIGOS URCO


División Expedicionaria.
Chachapoyas independiente, junio 13 de 1821.
Al Señor Presidente del Departamento de Trujillo
Marqués de Torre Tagle


Señor:

Aunque en mi comunicado del 28 del próximo anuncié a Vuestra
Señoría que el cadete D. Manuel Rodríguez debía marchar con
pliegos a Moyobamba, la noticia que tuve de hallarse el enemigo
a quince leguas de distancia, me hicieron variar de resolución para
evitar que pudiese caer en sus manos, y mandé se replegase
inmediatamente sobre Rondón, donde existían fuerzas a las
órdenes de los subtenientes don León Farje y don José Suárez, lo
que se verificó el 3 del corriente. En esa noche, sabiendo que
enemigo doblaba sus marchas, dispuse abandonar Rondón y
ocupar el punto de Atajo, en esta forma: el cadete Rodríguez, a la
cabeza de 20 hombres, hacia la vanguardia, distante media legua
de mi campo, sobre el cual replegué la fuerza que mandaba Suárez,
quedando Farje y los comisionados Perea y Arce con 80 hombres de
lanza en una dirección paralela a la de Rodríguez.

En la tarde del 4, calculando que el enemigo, que había hecho noche
en el puente de Sáscar, distante dos legua de mi campo, aún no se
dejaba ver, sin duda por inspeccionar mi posición para tomar otro
camino que le condujera a la ciudad sin comprometer el choque, me
situé por la noche en un terreno más inmediato a la ciudad y donde
necesariamente tenía que tocar las fuerzas enemigas. El
campamento se quedó dispuesto entonces, y Rodríguez colocado
con sus 20 hombres detrás de un parapeto de arbustos y sostenido
por 10 infantes más. A poca distancia embosqué a Farje con sus 80
hombres en una altura y destaque de vanguardia la montonera
compuesta de 60 hombres, quedando yo al centro con el resto de la
fuerza, que ascendía a 50 infantes. Reunidas todas las partidas
ascendía nuestra fuerza disponible a 294 hombres y cuatro piezas
de montaña con sus dotaciones respectivas.
 
Esta nueva posición era demasiado favorable a nosotros y resolví
conservarme en ella a todo trance. Todo el día 5 permanecí en la
misma colocación; entre tanto el enemigo a dos y media leguas de
distancia, concentró toda su fuerza, constante de 600 hombres, e
hizo adelantar avanzada de 40 veteranos hasta la hacienda de
Rondón, distante media lengua de su campo, cubriendo su
retaguardia un cañón de colisa. Este movimiento, el orden con que
se ejecutó y la superioridad de la tropa, que visiblemente se
reconocía en el enemigo, no fueron capaces de desdoblar ni por un
instante a nuestros bravos expedicionarios. Un fuego de ardor
patrio los abrazaba y persuadidos de la justicia de la causa
aguardaba con impaciencia la señal de combate para arrancar a
los orgullosos godos opresores la primera gloria del Perú, que las
probabilidades físicas presentaban como imposibles.

Por fin la aurora del 6 vino a calmar nuestras fatigas: la diana
saludó este día feliz en que el poder peninsular comenzaba a
desplomarse. La división entera se preparó para la lucha, con un
valor y alegría increíbles. El enemigo hizo por su parte lo mismo y
alentaba a sus tropas con el saqueo y el degüello, para cantar con
más seguridad la victoria, recordándoles su superioridad numérica
y disciplina.

Para evitar la efusión de sangre y tener todos los medios posibles
de conciliación, dirigí al comandante español, D. José Matos, el
oficio que corre bajo el número 1° llamándole al orden y
proponiéndole que depusiera las armas; pero engreído con las
probabilidades que tenía del triunfo, desoyó mis proposiciones y
ordenó su plan de ataque.

Muy poco tardó en presentarse al frente de su vanguardia,
compuesta de lo mejor de su tropa y prosiguió en marcha
diagonalmente hasta situarse en una colina, distante media legua
de mi derecha, desde donde podía dirigir sus operaciones. En esta
evolución ejecutada con audacia, conocí que su principal objeto era
tomar el camino de Taquia que conduce a la ciudad y en
consecuencia resolví cortar sus líneas en el acto y comprometer la
batalla. Para ello hice avanzar por el centro una guerrilla al mando
del cadete graduado de subteniente don Manuel Rodríguez y dividí
las compañías en dos alas: ordené que la derecha al mando del
subteniente Pino ocupase una altura y a la segunda, comandada
por el Capitán graduado Castro, atacase por la izquierda en unión
del subteniente Suárez, a quien di a mandar una guerrilla de 16
hombres. Estas órdenes fueron diestramente ejecutadas por los
valientes guerreros, que quisieron ser los primeros en ofrecer a su
amada patria el inmarcesible laurel de la victoria.

Un recio combate se trabó luego a las 8 de la mañana sostenido
ardorosamente por los fuegos de ambas partes. Por medía hora
permaneció indecisa la fortuna, más al cabo comenzó a sernos
propicia, pues habiéndose la izquierda del enemigo, acosada por
las nuestras a la quebrada, nuestras descargas de metrallas
oportunamente lanzadas por un cañón que de antemano se había
colocado de frente, difundieron el terror en sus filas, las desalojaron
de este punto de apoyo y produjeron el desorden y la dispersión.

Pero, mientras nosotros conseguíamos estas ventajas sobre los
realistas, su ala derecha logró tomar una altura dominante y atacar
con tanto denuedo y buen éxito a nuestra primera compañía que la
obligó a ceder el terreno aunque con orden y replegarse por medio
de un movimiento semicircular hacia la izquierda del cañón que
ocupaba la base de una hermosa colina.

Halagados los opresores con este resultado, siguieron persiguiendo
vigorosamente a los nuestros hasta el lugar de su retirada; pero
nuestro fuego de artillería sostenido audazmente por uno graneado
de fusilería, les frustró sus designios y les precisó a retirarse con
precipitación a la Quebrada Honda desde la cual parecía fácil tomar
una altura que les proporcionase su entrada a Chachapoyas. En
estas circunstancias dispuse que descansen algún tanto nuestros
invencibles patriotas, mientras yo observaba los movimientos del
enemigo, cuya izquierda estuvo constantemente tiroteada por la
guerrilla de 16 hombres que comandaba Suárez, la que combatió
tan porfiadamente por espacio de cuatro horas contra 50 veteranos
que al fin los precipitó a una vergonzosa derrota.

Después de media hora de refresco, ordené que la segunda
compañía, formando una línea curva se colocase en un bosque que
corresponde al punto de salida de la quebrada que tomó el enemigo,
donde debía permanecer oculto y con la primera marché de frente,
protegida mi derecha con la guerrilla que comandaba Rodríguez.

Apenas tuve el tiempo necesario para tomar estas disposiciones,
cuando el enemigo resuelto a disputarnos la victoria a todo trance,
bajaba a nuestro campo con serenidad y osadía; más en la mitad de
su marcha fue sorprendido por los fuegos de la segunda compañía,
a las que muy pronto se agregaron los de la primera, de la guerrilla
de Rodríguez y de la artillería. Esta combinación tan acertadamente
ejecutada decidió el combate: las fuerzas enemigas comenzaron a
huir entre el desorden, la vergüenza y el pavor. Nuestros vencedores
los persiguieron constantemente por entremedio de peñascos y
precipicios hasta cerca de una legua en que la dispersión fue
completa y las sombras de la noche favorecieron su fuga por el
punto de Moyobamba, la que efectuaron abandonando todo su
parque y dejándonos muchos prisioneros.

Así terminó esta función verdaderamente campal, después de 10
horas de la más obstinada pelea. Su trofeo será el primer escalón
de gloria para el Perú. Aunque ha sido inevitable el derramamiento
de sangre de ambas parte, pues se cuenta con algún número de
muertos y heridos y entre estos últimos el bravo Rodríguez, tan
digno de la consideración del Gobierno por su denuedo y coraje.
Inmediatamente me retiré a la ciudad, tomando todas las
precauciones necesarias para evitar que el enemigo, por medio de
alguna reacción se fortaleciese y la atacase; más en la mañana del
7 que todos sus conatos se habían reducido a la fuga aprovechando
de la obscuridad y que Matos, su capitán don Juan Cervando y el
cirujano Amaya, abandonaron el campo desde las 2 de la tarde.

En vano remití una partida en su persecución; durante la noche
había avanzado mucho, dejando algunos oficiales heridos en el
tránsito.

En consecuencia de tan completa victoria y premio de valor,
intrepidez y constancia de los señores oficiales y ejemplar tropa
que tengo el honor de mandar, he concedido sobre el campo de
batalla, en nombre de la Patria y del Excelentísimo Señor General
n Jefe Don José de San Martín, una medalla que contenga la
siguiente inscripción, en el anverso: Vencedores de Chachapoyas
y un jeroglífico compuesto de palma y laurel entrelazados y dos
manos asidas en el centro; y en el reverso: la fecha del triunfo. He
concedido el grado de subteniente al Sargento 1° José Casanova,
por la heroica acción de haberse batido solo contra un número
considerable de enemigos, hasta haberlos hecho retroceder,
matando a uno de ellos; y el grado de Sargento 1° a los Segundos
Crisanto Tejada, Baltazar Gonzáles, Justo Apéstegui y Francisco
Granja, este último de artillería, quienes se han disputado la
preferencia en el combate; el artillero José Portocarrero, le hecho
la gracia que lleve a más de la medalla, en el brazo izquierdo, un
escudo con un cañón bordado en el centro, porque habiéndose
volcado una cureña, pudo éste levantar el cañón solo, colocarlos
sobre aquella y dar fuego. Todos los oficiales y soldados han
obrado sobre el campo prodigios de valor. Ningún elogio puede
llegar a la magnitud de su mérito. Sin embargo, me permitiré la
satisfacción de recomendar a la consideración de Vuestra Señoría
y del Gobierno, al Capitán D. Toribio Rodríguez, Tenientes, Don
Manuel Farje, Don Juan Manuel Mollinedo; Subteniente, Don
León Farje y Cadetes, Don Mariano Zamora, Don Antonio Posadas
y Don Antonio Navarro, cuyos brillantes servicios son
irrenumerables. No menos digno de recomendación el Capitán de
Caballería Don Mariano Joaquín de Egúsquiza, quien, a pesar de
las atenciones de su comisión, fue inseparable de mi lado en el
campo de batalla, funcionando como Ayudante de Órdenes y
arrastrando en este servicio peligros eminentes. El Capitán Don
Melitón Sánchez Pareja, merecen también un particular recuerdo,
pues con sus oficios procuraba alentar a nuestros bravos.

Son, así mismo, acreedores a él por los servicios que como
conocedores del terreno pudieron prestar y por adhesión a la causa,
el Capitán retirado, Don Manuel Tuesta y el Procurador, Don
Mariano Muñoz, quienes personalmente quisieron participar de
nuestra suerte, aumentando el número de los combatientes. Iguales
oficio que estos señores, hizo Don Toribio Zagaceta y por lo mismo
merece igualmente que ellos.

Tampoco son desatendibles los importantes servicios de los señores
que durante nuestra ausencia custodiaron la ciudad, tales son: el
Capitán de Milicias Don Manuel Matos, el de igual clase Don Julián
Monteza y el Teniente retirado Don Tomás Cacho, quien además
proporcionó varios útiles de guerra.

A todos se agrega el entusiasta porteño Don José Rubiera, que como
soldado peleó en la primera compañía e hizo después otros servicios
de bastante precio.
 
Por último, aseguraré a Vuestra Excelencia que el bello sexo de esta
ciudad ha prestado servicio sumamente importante en todo el
tiempo de nuestra permanencia en esta ciudad y lo que es más
notable, en el furor de la batalla, que olvidadas de su delicadeza
han arrastrado los peligros, prestando servicios de importancia y
civismo, hasta el extremo de manejar la arma de fuego y la honda,
cual unas verdaderas matronas que defienden sus sacrosantos
derechos. Todos los vecinos de la ciudad y pueblos inmediatos han
cooperado en esta gloriosa pelea llenos de patriotismo y decisión,
ciento por uno, estos y aquellos son dignos de las mayores
consideraciones.

Concluiré, pues, asegurando a Vuestra Señoría que me es muy
grato anunciar este primer triunfo nacional, debiendo añadir que
según los datos que he tomado, bien pronto estará jurada en
Moyobamba nuestra independencia.

Todo lo que servirá Vuestra Señoría poner en conocimiento de
Su Excelencia.

Dios guarde a Vuestra Excelencia.

Coronel Juan Valdivieso

 

 

Jr. Ortiz Arrieta N° 588
Chachapoyas - Amazonas - Perú
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